«Volvieron los enanos a su trabajo y, a instancias de Matías, que departía amigablemente con ellas, nos acercamos a un grupo de gallinas de guinea que, rodeadas de inquietos polluelos amarillos, anidaban a la sombra del olivo.
—Se trata —dijo Matías bajando la voz, con cierta unción— de la Sociedad Literaria de Green Garden. Son damas muy cultas. En cuanto aprendan a leer, piensan fundar un Círculo de Lectura.
Me hubiera reído de no ser por la digna pose de las componentes de la Sociedad, que en ese momento discutían sesudamente de literatura:
—¿Habéis visto la última de Pérez-Reverte? —preguntaba una de ellas.
—Sí —dijo otra—, se le cayó al abuelo el lunes desde la hamaca, mientras dormía la siesta en el jardín.
—La portada es profunda, ¿verdad? —dijo la primera.
—Y las solapas son elegantísimas —añadió la otra.
—¡Bah! —dijo una tercera—. Yo le encuentro algo de vulgar, casi chabacano, diría.
—¡Por Dios! —exclamó la primera—, ¡cuánto remilgo! Ni que no vinieras, como nosotras, de un gallinero.
—Sí —contestó la otra—, ¡pero de la parte alta, que siempre ha habido clases!
Se enredaron entonces las gallinas en una ruidosa disputa, en la que los cacareos se sobreponían a las palabras y, puesto que de aquella confusión nada podíamos sacar en claro, abandonamos ese rincón, precedidos siempre por un avergonzado Matías, que no sabía cómo disculpar el comportamiento de las guineas.»
La cólera de Iker (Ramón Morillo-Velarde)